El enfado: gestión emocional (PARTE 1)

El enfado: gestión emocional (PARTE 1)
7 de enero de 2023 Marta Lozano

Todos nos enfadamos. El enfado es una de las emociones básicas que todas las personas sentimos. Aunque puede no ser una emoción agradable, es una emoción necesaria, porque nos informa de algo que nos está ocurriendo, y nos ayuda a reaccionar.

¿Por qué es necesario el enfado?
El enfado es una emoción que surge ante una situación de peligro, vulnerabilidad o injusticia. Por ejemplo, si nos encontramos con un conductor que no cumple las normas de circulación y nos puede poner en peligro; o si descubrimos que nos han estafado o se han aprovechado de nosotros.

Ante estas situaciones es normal que surja la emoción del enfado, que nos avisa de un peligro o injusticia. Ese peligro o injusticia puede ser real o “imaginario” (peligro real: que me apunten con una pistola, peligro “imaginario”: me preocupa que alguien pueda hacer daño a mi hijo). Puede ser un peligro que atente contra nuestra integridad física (que nos atropellen), o contra nuestra experiencia emocional (que se ponga en riesgo una relación afectiva importante, el maltrato psicológico, etc.).

El enfado es una alarma. Se activa ante el peligro o injusticia.. La alarma se activa para avisarnos de lo que sucede, que seamos conscientes y poder reaccionar para solucionarlo. Esta alarma se activa también en el cuerpo, es una reacción fisiológica. Algunos de los cambios que se dan son: un aumento de la temperatura corporal, aumento de la frecuencia cardiaca, tensión muscular, respiración acelerada, movimientos más rápidos y fuertes. Sucede así porque el cuerpo se prepara para poder llevar a cabo una posible reacción.

Emoción vs. Acción
Es importante diferenciar la emoción de la acción. Sentir enfado es normal y necesario para nuestra supervivencia. Pero cómo se reacciona ante ese enfado, depende de uno mismo. La emoción es automática, no se controla. La acción es libre y voluntaria, se puede decidir.

Es fácil que ante un enfado se reaccione de manera brusca, no premeditada, impulsiva, etc. Muchas veces es necesario que sea así para protegernos del peligro, especialmente cuándo se trata de una amenaza física. Sin embargo, a menudo la respuesta ante el enfado es desmesurada o poco ajustada al motivo de enfado.

¿Cómo gestionar el enfado?
Es importante entender que la emoción del enfado es automática y no podemos controlarla. No podemos simplemente “no enfadarnos”. Pero, lo que sí podemos hacer, es decidir cómo reaccionamos a ese enfado.

Para ello es importante, en primer lugar, permitirnos sentir esa emoción, escucharla y no juzgarla. Intentar entender de dónde viene y de qué nos informa. Y en segundo lugar, reflexionar sobre esa información y reaccionar de manera adecuada.

Porque la mejor manera de defenderse ante una amenaza, no siempre es la reacción instintiva. Especialmente si se trata de una amenaza emocional.
Por ejemplo: si mi marido no ha hecho el favor que le he pedido, puedo enfadarme porque siento que nuestra relación afectiva está en peligro, ya que me da miedo que esa situación pueda significar que no me escucha o que no me dedica tanto tiempo cómo antes. Hay una posible situación de peligro (que la relación se estropee), o de injusticia (yo siempre hago las cosas, y él no). Mi cuerpo reacciona con la alarma del enfado, y se prepara para reaccionar.

Aquí es dónde debemos pararnos un momento, en vez de dejarnos llevar por ese enfado, y poner en práctica los 3 pasos de la gestión emocional: identificar, comprender, aceptar y reaccionar. En la segunda parte del post, explicaremos estos tres pasos.

Marta Lozano

2 Comentarios

  1. Avatar
    Anonimous 3 semanas hace

    Que bueno!! Te ayuda a verlo de otra manera mas clara, que de alguna forma ya sabias.

    • Avatar
      Lola 3 semanas hace

      Muchas gracias por ayudarnos a reconocer lo que nos pasa, pero sobre todo a reconocerlo , también en los demas

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