Estrategias para no perder la paciencia con tus hijos

Estrategias para no perder la paciencia con tus hijos

En el anterior post (puedes pinchar aquí para verlo), aprendiste el primer paso que te llevará al autocontrol en situaciones que, según tu experiencia, te suelen llevar al límite de tu paciencia.

Si has hecho la “tarea” que te recomendamos y has entrenado esta identificación de los primeros síntomas de la rabia, tendrás varios ejemplos cotidianos en mente que ilustren esta situación. Probablemente hayas notado calor al principio, que los pulmones se llenaban de aire con más intensidad y/o velocidad, puede que un ligero dolor o presión en la cabeza (fruto de un aumento de la tensión arterial), aumento de la tasa cardíaca, ganas gritar, o dar un golpe, o hacer algún movimiento brusco… Todo es, entre otros motivos, porque se han puesto en funcionamiento dos sustancias que operan en nuestro cuerpo: la adrenalina y la noradrenalina.  La reacción instintiva que surge cuando uno está muy enfadado es la respuesta agresiva, por eso es necesario que, antes de caer en ella, identifiques estos signos y gestiones esta emoción de forma que no te haga daño a ti ni a otros.

Estas sensaciones a veces desencadenan en ti una reacción indeseada: que en algunas ocasiones pierdas los papeles, e incluso que digas o hagas cosas de las que posteriormente puede que te arrepientas.

¿Has pegado algún grito desproporcionado en estos días? No te preocupes, estas son algunas de las claves que podrás utilizar en los momentos de “crisis”, para evitar que la secuencia de “tensión in crescendo” termine contigo perdiendo los nervios:

  • PIENSA Y PRIORIZA de antemano qué cuestiones tienen importancia y es necesario que el niño aprenda a respetar, qué limites no debe cruzar, y cuáles son comportamientos “propios de niños”, acordes a su edad, a la infancia (que sea revoltoso, travieso, que se suba al sofá mientras huye de su hermano jugando…).

Hay conductas que necesitan límites y normas claras: ante esas hay que ser firme en su cumplimiento (por ejemplo, no tolerar faltas de respeto, agresiones…). Otras, aunque nos resulten incómodas o incomprensibles, simplemente son propias de su edad y de su desarrollo cognitivo (como las rabietas a los 2-3 años, estar algo más arisco en la adolescencia…).

Corregir constantemente a un niño hace que éste no sepa diferenciar lo importante de lo que es menos relevante en su comportamiento diario. Aprender a corregir las conductas inadecuadas y “dejar pasar” las menos relevantes es un reto para los padres que, una vez adquirido, facilitará el día a día. Esto hará que la convivencia implique menos gasto energético a los progenitores.

En el momento en que empieces a enfadarte, plantéate esto: ¿me molesta pero puedo permitirlo, o es inadmisible y debo reaccionar de forma clara y firme (que no agresiva) por su bien y para educarle en X valores?

Discutir y regañar es agotador, si lo haces, que sea por un buen motivo.

  • Cuando aparezcan las conductas “incómodas pero permisibles”, DESDRAMATIZA. Esto es: utiliza un pensamiento que te sirva como discurso interno en esas situaciones como “es propio de niños”, “tiene una actitud desafiante porque es adolescente, aunque en realidad no me ha faltado al respeto”, “aunque me está poniendo nervioso, no es para tanto”, “está disfrutando sin hacer ningún mal, aunque sea revoltoso”…

 

Estas dos estrategias cognitivas que acabamos de citar, disminuirán el número de situaciones que te desencadenen rabia.

  • Sin embargo, en los casos en que identifiques claramente que está sobrepasando un límite que no debe cruzar, y empieces a notar estos signos que te avisan de que a continuación puede que pierdas el control… RESPIRA un par de veces profundamente (por ejemplo, cuenta hasta 4 mientras inspiras, cuenta 4 mientras mantienes el aire, cuenta 8 mientras expulsas el aire, y repite el proceso).

Posteriormente, piensa: ¿ha desobedecido sin darse cuenta o a propósito?, ¿merece la pena que le recuerde el límite o ya lo he hecho y repetirlo implicaría cargarme de más enfado? Los niños a veces se comportan de forma impulsiva, puede que no se haya dado cuenta de lo que acaba de hacer, o no haya medido las consecuencias de sus actos.

En el caso en que no esté atendiendo a esa norma conocida y avisada de antemano, podrás ponerle el castigo que consideres oportuno (te recomendamos que lo pienses con antelación para no caer en imponerle uno desproporcionado, fruto del enfado).

Con todo, parar y respirar antes de tomar esta decisión facilitará que pongas una consecuencia prudente, ajustada a su edad y entendimiento y a la gravedad de la situación (no sería útil utilizar el mismo castigo para un niño de 3 años que para su hermano de 10, ya que el desarrollo cognitivo de ambos, la intencionalidad, la capacidad de autocontrol…varían mucho entre ambos).

  • Los niños necesitan órdenes CORTAS, CLARAS, Y DE UNA EN UNA. Si le dices: vístete con algo bonito, que vamos a ver a los abuelos, lávate los dientes, echa a lavar la ropa sucia, haz la cama y luego ven al salón, es muy probable que desobedezca alguno de los mandatos de esa secuencia (y por tanto, te enfades). Simplifica y adáptate a su edad y su capacidad de retención.
  • Por último, como ya has entrenado la identificación de los primeros síntomas de la rabia, y les has puesto nombre a estas sensaciones, debes estar muy atento a las situaciones que te las disparen. En esos momentos, cuando aparezcan, si los pasos previos que te hemos recomendado no te son suficiente, si consideras que te va a ser muy difícil frenarla agresividad o controlarte (porque ya te ha sido imposible en situaciones anteriores, y te has terminado arrepintiendo de tu reacción), haz lo que en Psicología llamamos TIEMPO FUERA: sal de la estancia donde estáis discutiendo. Vete a un lugar neutro de la casa (el baño, la cocina…), respira profundamente, o cuenta desde 100 a 0 de 3 en 3… hasta que esa sintomatología remita. La rabia puede jugarte una mala pasada, es importante identificar cuándo aparece para gestionarla; si sabes notar su comienzo, será más difícil que pierdas los papeles.

Éstas son algunas de las pautas que damos en situaciones como las relatadas en el anterior post. Estamos convencidas de que si las utilizas durante estas vacaciones, tendréis unos días en los que el descanso será más reparador, mejor ambiente en casa, gritaréis menos, los niños estarán menos exasperados y tú emplearás tus energías en lo que realmente es importante: disfrutar.

María Bermejo

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