SOS! Nuestro hijo tiene rabietas. ¿Qué podemos hacer?

By in Ansiedad, Autoestima, Emociones, Hijos, Padres

La rabieta es una forma inmadura de expresar enfado. Aunque sean incómodas, molestas y a veces un poco exasperantes, las rabietas no son desadaptativas por sí mismas, ya que hasta que el niño tiene 5 años, aproximadamente, es normal que se den con cierta frecuencia, puesto que probablemente el niño no haya aprendido aún a expresar su ira eficazmente de otras maneras.

Cuando empieza la etapa escolar (en torno a los 5-6 años), las rabietas suelen disminuir. Sin embargo, hay niños que continúan expresando su ira de esta forma ¿por qué?, ¿es malo?, ¿cómo lo solucionamos?

Estas tres cuestiones tienen una misma respuesta: los padres podemos aprender cómo ayudar a nuestro hijo a expresarse de una forma más adaptativa, más sana, que genere menos problemas para sí mismo y para el entorno. Esa es la “solución”: enseñarle a expresar.

Como en casi todas las cuestiones educativas, lo deseable es prevenir: podemos anticiparnos a que aparezcan los berrinches. De entre todos los motivos que pueden desencadenar una rabieta (ante una petición, obtener un No por parte de los padres, los celos tras la llegada de un nuevo hermano…), hay algunos que son más fácilmente controlables: el hambre, el sueño o la enfermedad (dolor, malestar, fiebre…); así que si queréis una clave para evitar algunos de esos ataques de ira, intentad tener en cuenta esas tres causas y actuad en la medida de lo posible para minimizarlas.

Sin embargo, si el ataque de rabia ya ha aparecido y no sabéis cómo manejarlo, tomad nota de las siguientes pautas:

  1. Podéis ayudar a vuestro hijo a expresar y definir lo que siente con frases como “estás enfadado porque…”. De esta forma, el niño va aprendiendo que es normal sentir rabia, enfado, impotencia, … y que no es bueno “taponar” ese sentimiento, sino que es preferible expresarlo con palabras a una persona de confianza (padres, maestro, cuidadores…).
  2. Intentad no disgustaros ni castigar al niño porque esté enfadado. Recordad que el enfado, la rabia, es una emoción normal, consecuencia de algo que le ha dolido, frustrado, parecido injusto… Si se muestra de forma apropiada, no tenéis por qué sancionarle. Tenéis una importante misión ante vosotros: enseñarle a mostrar enfado sin hacer daño (verbal o físico) a otros ni a sí mismo.
  3. Enseñadle a contar hasta 10 cuando esté en un “ataque de ira” o rabieta, o cuando creáis que está empezando a ponerse nervioso y preveáis que ello puede desencadenar en un berrinche: la clave es anticiparse. Cuando la rabieta ha alcanzado su “pico” es muy difícil pararla, por ello, cuanto antes identifiquéis que se puede desencadenar esa situación, actuad.
  4. Si ya ha comenzado la rabieta, no la atendáis, eso refuerza el berrinche. Marchaos de la habitación o estancia donde estéis con él (siempre que sea un lugar seguro para el niño y no corra peligro por quedarse solo). Recordad que el berrinche necesita público, nunca se da cuando el niño está solo (si os agobia un poco dejarle solito cuando veis que lo está pasando mal, imaginaos al niño en casa, solo y sabiendo que nadie le escucha ¿creéis que estaría gritando más de 3 minutos? ¿verdad que no? No os sintáis mal: no alimentando a su rabieta le estáis ayudando mucho). El berrinche se desvanecerá poco a poco. Puede que no ocurra de forma instantánea la primera vez, pero en cuanto el niño aprenda que insultando, gritando, golpeando…no recibe atención, el ataque de rabia disminuirá de intensidad.
  5. Por otro lado, cuando hablamos de educación, está demostrado que se consigue más con premios que con castigos. Por eso, es importante que elogiéis al niño cuando se autocontrole o exprese su enfado/desacuerdo hablando y hagáis hincapié en lo bien que lo ha hecho. Eso, además, fomentará su autoestima.
  6. Pasad tiempo de calidad con él, jugando un ratito, leyendo, hablando en la cocina mientras hacéis la cena… Muchas veces las rabietas son una forma de llamar la atención y disminuyen simplemente escuchándole y demostrándole con pequeños ratos de dedicación que es importante para vosotros.
  7. Además de manejar y prevenir la rabieta, a vuestro hijo le será más fácil aprender cómo debe reaccionar ante la rabia si os ve a vosotros hacerlo correctamente. Esto, en psicología, lo llamamos Modelado (ver e imitar a un modelo). Es bueno que el niño vea que sus padres también son vulnerables y se enfadan, pero que afrontan ese sentimiento de forma adaptativa: lo expresan con calma, no gritan/rompen cosas, ni insultan ni reaccionan de forma desmedida.
  8. Y por último, si alguna vez perdéis el control, no os preocupéis, será muy enriquecedor para su desarrollo que le enseñéis a pedir perdón y reparar el daño que se haya podido causar. No hay mejor enseñanza que ésta: todos intentamos no equivocarnos, pero si lo hacemos, es estupendo poder reparar y empezar un nuevo intento con ánimo.
María Bermejo

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