¿Quién es éste y dónde está mi niño?

¿Quién es éste y dónde está mi niño?
26 de mayo de 2022 Teresa Rodrigo
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¿Qué le ha pasado a mi niño?

Es frecuente encontrarse a padres frustrados porque su hijo ya no es el que era, o quizá haya dejado de ocupar el rol que tomaba en la familia.

No es fácil aceptar que tu hijo ya no te necesita de la misma manera que antes y que reclame espacio y libertad.

Frases como las siguientes son muy comunes: “ya no quiere compartir planes en familia los fines de semanas”, “prefiere estar con el móvil que jugar a juegos de mesa”, “ya no me acompaña a hacer la compra”, “antes me contaba todo lo que le pasaba y ahora solo se lo cuenta a sus amigos”, “siempre quiere salirse con la suya”.

A lo mejor antes se ponía la ropa que le indicaban sus padres, ahora es él el que elige qué ropa quiere llevar, y además la elige en función de las modas o gustos que estén presentes en su grupo de amigos.

Y es que resulta que el niño está dejando de ser niño para llegar a ser un adulto capaz de enfrentarse al mundo.

Todas estas conductas mencionadas son signo de que el adolescente está diferenciándose de sus padres, tomando distancia, para poder construir su propia identidad.

La etapa de la adolescencia

La adolescencia es una de las etapas más difíciles de acompañar como padres; ante un proceso de cambio y desafío continuo, los adolescentes necesitan de sus padres empatía y serenidad.

Uno de los mayores retos que tiene que afrontar la familia en esta etapa es la separación psicológica y progresiva del adolescente respecto a ella. Este proceso de diferenciación consiste en desvincularse progresivamente de la fusión inicial con la madre y lograr la propia autonomía emocional. Es fundamental y se desarrolla a lo largo de toda la vida, no obstante, la adolescencia es un momento clave de este proceso en la consolidación de la identidad y constitución de la autonomía. Por ello, el grupo de iguales comienza a ser el grupo de referencia y dejan de serlo los padres.

En muchas ocasiones nos encontramos con disfunciones en las familias en este momento, con adolescentes queriendo distanciarse de sus padres, pero que por múltiples causas no se logra hacer de una forma adecuada. No siempre es fácil para los padres tolerar que los hijos elijan caminos cada vez más autónomos e independientes. Las dificultades en este proceso pueden dejar tareas pendientes en forma de psicopatología y pueden afectar al ciclo vital familiar.

Para que se pueda desarrollar este proceso de una manera sana, es necesario que los padres hagan un duelo con su hijo en el que aceptar que no van a poder saber toda la información que les gustaría y que el papel que han ocupado como padres hasta entonces, puede que ahora sea distinto.

También es necesario asumir y aceptar como padres, que los hijos no son “parte” de uno mismo, sino que son personas diferentes que tendrán su propia vida y que cada vez van a depender menos de sus padres y tomarán sus propias decisiones. Cuando los padres consideran a los hijos como una prolongación o una “parte” suya, no se les puede observar por lo que son o lo que necesitan (que puede ser distinto de lo que los padres son o necesitan) sino que se les observa desde la perspectiva de la historia propia de los padres. Esto dificulta que el adolescente pueda construir su propia identidad ya que estará teñida por las frustraciones, miedos y deseos que le han influido sus padres, algo que no les pertenece.

El papel para desempeñar por los padres en este aspecto es el de ACOMPAÑANTE.

Lo que puedes hacer como padre para acompañar a tu hijo adolescente:

  • ESTAR PRESENTE, DISPONIBLE Y ACCESIBLE. Ofreciendo el tiempo y atención que necesiten, haciéndoles sentir queridos y valorados.
  • IDENTIFICA Y ANALIZA CÓMO ES LA RELACIÓN CON TU HIJO ADOLESCENTE. Toma conciencia de cómo es la relación con tu hijo adolescente.
  • TENER EN CUENTA EL CONTEXTO. Es muy importante considerar el momento que se está viviendo y qué cambios se están produciendo en él y no tomarlo como algo personal. En este aspecto es bueno recordar la propia adolescencia, qué relación tuvimos con nuestros padres y qué errores cometimos.
  • QUE LAS CONVERSACIONES NO SE CONVIERTAN EN INTERROGATORIOS. Habla con ellos de cosas que les interese, gustos y aficiones. Muestra interés y atención por las cosas que les inquieten.
  • SER FIRME, Y FLEXIBLE CUANDO SE CONSIDERE NECESARIO. Los límites dan referencia, la referencia da seguridad, y la seguridad hace que el adolescente pueda desarrollar una autoestima sana.
  • TEN EN CUENTA QUE SU CEREBRO ESTÁ EN DESARROLLO. No esperes que actúe como un adulto, pero tampoco como un niño.
  • SÉ SU MODELO Y REFERENCIA. Permítele equivocarse y ser responsable de las consecuencias de sus actos.
  • NO PRETENDAS SER UN PADRE PERFECTO NI QUE TU HIJO LO SEA. La vulnerabilidad y los fallos forman parte de la vida y del ser humano. Estaremos haciendo un gran favor a nuestros hijos si se lo mostramos en casa como algo natural con posibilidad de reparación.

Los adolescentes necesitan un lugar de calma al que acudir cuando su torbellino emocional les perturbe. Ser guía y sostén en esta etapa tan importante de sus vidas puede ser el mejor regalo para su desarrollo.

Teresa Rodrigo

1 Comentario

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    Felicidades Teresa!! Reflexivo y práctico. Gran artículo!!

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